miércoles, 2 de mayo de 2018

¡Qué pena, amigo Napoleón!

Hoy, día 2 de mayo, los madrileños y parte de España, están recordardo “por todo lo alto” que, un día como el de hoy del año 1808, le declararon y ganaron la guerra "al invasor y horroroso" Napoleón.

Y hablando de él ¿habías oído tú de la simpatía y cariño que le tenía a los judíos? Yo no lo supe hasta que fuí a Israel en el año 1988. 

 Según mis profesores, los judíos, ese personaje francés y Garibaldi en Italia, habían sido “el mismísimo satanás en persona” (nos decían los encargados franquistas de nuestra educación).

Pero, ¿tan malos eran?, ¿Qué habían hecho para ganarse tal apelativo? - me preguntaba sin que alguien me diera respuestas a ese insaciable interés interno que siempre he tenido.

 Entre muchas otras, recuerdo dos grandes mentiras a las siempre hacían referencia en su afán de "adoctrinarnos" en lo que a la religión y a la política se refiere. 

Para empezar, me decían, los judíos “habían matado a Dios en la persona de Jesús” por lo que Dios los había reemplazado por el cristianismo. Luego nos hablaban del borracho y mujeriego Napoleón; ¿cómo perdonarle, pues, el hecho sde haberse atrevido a plantarle cara al Vaticano? (Ahora sé de que quiso “cortarle la cabeza a la víbora o Iglesia Católica Romana, la responsable, según él, de la miseria en la que vivía la mayor parte de Europa bajo su dictadura religiosa católica. Y la última mentira que recuerdo estaba relacionada con el famoso y revolucionario  Garivaldi italiano ¿Cómo tenerle simpatía si  estuvo a punto de terminar con el mismísimo Vaticano?

Pues sí Sr. al final, esas y un montón de mentiras más, eran parte de las más grandes que nos han enseñado o impuesto “a golpe de bayoneta” de la que no te podías escapar, a no ser que emigraras o estudiaras la historia fuera de este país agonizante, como ocurrió en mi caso.

Hablando de Napoleón, ese personaje tan interesante y contravertido a la vez, una de las primeras historias que me contaron apenas pisé la escuela, fue la que se trataba de “la batalla campal” que mantuvo “mi pueblo” contra las tropas “invasoras” francesas el día 6 de junio del 1808. (Yo nací en la “muy heroica ciudad de Valdepeñas según las propias palabras dichas por el rey Fernando VII en el año 1823”).

¿Qué por qué tiene fama de “heroica” aparte de su vino o el "lugar de la mancha cuyo nombre no quería recordar Cervantes cuando escribió el Quijote? Pues porque “gracias a esa batalla y otras escaramuzas que se formaron en los pueblos que la rodean, el General Castaños pudo ganar la famosa batalla de Bailen (19.07.1808), la primera derrota de Napoleón en suelo español”, han dicho siempre muy orgullosos los valdepeñeros muy hasta el día hoy...

¿Y quién, entre ellos, no sabe algo de los héroes “la Galana, el Chaleco o el Cura al que apodaban  “el calao”? ¿Qué niño valdepeñero no había visto pasando por “la calle ancha”, sus casas y ventanas desde donde se les echaba aceite hirviendo a aquellos “animales franceses” que atrevían a invadirnos?

¿Y los insultos a los habitantes de Manzanares por haberse “acostado sus mujeres con los afrancesados”? ¡Tendrías que ver “la que se lía”, incluso hoy en día, cada vez que ambos pueblos se enfrentan jugando al fútbol”.

Pues bien, en el año 1814 se terminó la que se conoce como “la Guerra de la Independencia” en la la Península Ibérica y con ella, así lo cree ahora un servidor también, la posibilidad de haberse liberado de ese cáncer religioso, reemplazador y antisionista que la mataba, como también de todo el lastre inquisitorial que arrastraba desde hacía más de 300 años impuesta por esa terrible y diabólica “santa” Inquisición o Hermandad ...

Eso mismo hubiera pasado con “Palestina” si los ingleses no hubieran ayudado a los turcos a la hora de enfrentarse a Napoleón en Acre (Israel), el cual quería devolver a Israel su tierra y su Templo. (¡Que ironía, dirían los políticos de aquel entonces, a los mismos que les ayudan, ahora los echan de esos mismos territorios (1917) para ayudar así a dar paso a que se haga realidad el sueño de Napoleón justo en el tiempo de YHVH y no en el de los hombres! ¿Entiendes?

El profeta Daniel  dijo a Nabucodonosor que "el Eterno quita y pone reyes" y yo me lo creo y acepto pero no comprendo por qué Dios (YHVH) no permitió que tanto Napoleón cómo Garivaldi terminaran lo que se habían propuesto hacer.           ¡Qué diferentes hubieran sido las cosas!   pero ....

Dios mío, ¡qué horror ser víctimas de las mentiras políticas y, lo que es peor, de las religiosas y qué realidad tan grande y hermosa es estar consciente de esa frase dicha por el Maestro Yahoshua!:.  “Y conocereis LA VERDAD y ella os hará libres”.... ¡Y vaya que sí!

Amigo/a, nunca ha habido tanta información como la que existe hoy pero, ¿es buena y verdad o, por lo contrario, está basada en la mentira y distorsión? Sólo lo sabremos si la comparamos con las Santas Escrituras y nos dejamos enseñar y guiar por el Espíritu del Santo o Ruaj Hakodesh... 

Asi que, repito, habrá que estudiarlas, estar “al loro” y comparar TODO lo que  oigamos, veamos y leamos con lo que está escrito en el Libro de Instrucciones que el Eterno nos dio "para que todo nos saliera bien (Josué 1: 5-9). 

Y eso es todo por ahora .. ¡Que el el Eterno te siga bendiciendo allá en donde él te haya puesto para servirle!

Más abajo encontrarás, algunos artículos muy interesantes acerca de Napoleón. Te recomiendo que te tomes  tiempo y los leas. Créeme, son muy interesantes.

Recibe un fuerte abrazo y un cordial Shalom,

Samuel del Coso Román 
(Presidente y director de TOLEDO Centro Mundial de los Anusim o Cripto- Judíos Sefarditas) 
TOLEDO – (Sefarad/España) 

+34. 659.682031(Tl. y WhatsApp)

E-mail: shalomsefarad@shalomsefarad.com

Blog: shalomsefarad.blogspot.com.es

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Los Judíos y Napoleón

1. Napoleón, libertador de los judíos y precursor del sionismo,

2. Napoleón, los judíos y la historia de una traición,

3. Una carta de Napoleón a los Judíos,

4. El Pueblo hebreo y Napoleón (Video).

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1. Napoleón, libertador de los judíos y precursor del sionismo

   por Isis Wirth,

   Munich, 24/05/2013

Si bien la Revolución francesa emancipó a los judíos, haciéndolos ciudadanos, la liberación efectiva del pueblo de David se debió a Napoleón.

Tras el decreto de la Asamblea Constituyente del 27 de septiembre de 1791, que les confirió igualdad de derechos, los judíos continuaron viviendo en sus comunidades, con sus propios sistemas de justicia y estado civil.

La Convención, debido al ateísmo, cerró las sinagogas y prohibió hablar hebreo, lo cual no era una medida discriminatoria per se sino que formaba parte de la política lingüística centralizadora de los jacobinos. Los revolucionarios, pese a haber dado lugar a su emancipación, les hicieron la vida bastante difícil a los judíos en tanto creyentes.

Napoleón se propuso que fuesen ciudadanos por completo, con todos los derechos y deberes que esto implica.Acaso tal decisión se produjo tras la victoria de Austerlitz, cuando en el camino de regreso a París se detuvo en Estrasburgo, donde un asunto contencioso con los judíos locales dispuso su simpatía en favor de éstos.

Pero no hay que desestimar que ya había efectuado el Concordato con la Iglesia Católica; quería asentar todos los cultos dentro de determinados valores (es decir, la “laicidad”) porque entendía que la religión no podía desarraigarse. Hizo abrir las iglesias, y le acordó la libertad religiosa a los protestantes. Los judíos debían gozar del mismo derecho que católicos y protestantes.

¿Habría que ver en la predisposición favorable de Napoleón hacia los judíos el hecho de que en su Córcega natal el antisemitismo era desconocido porque casi no habían judíos? Sin embargo, Córcega liberó a éstos bastante antes que lo realizado a partir de la Revolución francesa. (¿No había dicho Jean-Jacques Rousseau que esa isla un día asombraría al mundo?) Y, cuando en Ajaccio Napoleón huía de las huestes enfurecidas de su enemigo Paoli, pro-inglés, salvó la vida porque el judío Levy lo escondió.

Lo cierto es que en su primera campaña como general en jefe del Directorio, la de Italia entre 1796 y 1797, ya liberó a los judíos de los guetos porque le resultó insoportable el sufrimiento de éstos. Primero fue el de Ancona, el 9 de febrero de 1797. Le siguieron los guetos de Roma, Venecia, Verona y Padua.

Su siguiente campaña fue la de Egipto, en 1798. El ejército republicano se adentró en el territorio que llamaron “Siria” y hoy es el estado de Israel. Napoleón, no obstante, sabía muy bien qué suelo estaba pisando. Cuando se aproximaba a los Santos Lugares, llamaba al sabio Gaspard Monge a su tienda para que le leyera en voz alta pasajes de la Biblia. El ejército de ateos parecía sucumbir al fervor religioso. Y el general en jefe hasta buscó inspiración en el cruzado Godofredo de Bouillon cuando éste tomó Jerusalén.

El 9 de Av (Tisha b’Av) es “el día más triste en la historia judía”, el “día de la calamidad”, que recuerda la destrucción tanto del Primer Templo como del Segundo. Ese día, mientras estaba en “Siria” (¿o fue ya en Italia?), Napoleón pasó por una sinagoga y oyó gritos, llantos y alaridos. Intrigado, entró y preguntó cuál era la causa de tanto dolor. Se le contestó: “Nuestro templo ha sido destruido”. Bonaparte entendió por “templo” una sinagoga. Adujo: “¿Cómo es posible que no supiese nada? ¡Nadie me ha informado que vuestro templo ha sido quemado!”. Se le dijo que ello había sucedido 1700 años atrás. Se detuvo a reflexionar y exclamó: “Un pueblo que recuerda tanto su pasado tiene su futuro asegurado”.

El asedio de San Juan de Acre (hoy Akko, en Israel) tuvo lugar entre el 20 de marzo y el 21 de mayo de 1799. Los franceses contaban tomarle la ciudad a los turcos, quienes estaban muy bien sostenidos por los ingleses.

En pleno asedio, Napoleón escribió una proclama, el 20 de abril (**), en la que aparece que fue redactada en el “cuartel general de Jerusalén”. Se titula: Proclama a la nación judía. Con la que creaba un estado judío independiente. Bonaparte pensaba ocupar San Juan de Acre (lo que no logró), para de ahí dirigirse a Jerusalén y hacer realidad su proyecto del estado judío. Los ingleses se le atravesaron.

En esa proclama, el “corso vil” (como lo llamó José Martí) denomina a los judíos como “los herederos legítimos de Palestina”. Se leía: “¡Apresuraos! Es el momento que no volverá tal vez de aquí a mil años para reclamar la restauración de vuestros derechos civiles. (…) Tendréis derecho a una existencia política en tanto Nación entre las naciones”.
Se ha visto en tal proclamación el origen del sionismo. Curiosamente, el “corso vil” llama a los judíos de Asia y África a que retornen a la nación judía que se va a crear. Pero no convoca ni a los franceses ni a los europeos: ¿tenía ya en mente el plan de integración que luego implementaría con el pueblo de Moisés en territorio europeo? ¿Se apoyó sobre textos bíblicos, ya que muchas de sus referencias prácticas provenían de la historia antigua, cuando llamó a la reunión de la nación judía en Tierra Santa? ¿O quiso ponerse al frente de ese Estado? Al parecer, esta probable obsesión no lo abandonó: el 16 de agosto de 1800 escribía que “si yo gobernara una nación judía, restablecería el templo de Salomón”.

Lo cierto es que su Proclama a la nación judía fue utilizada por Theodor Herzl, el fundador del sionismo, e incluso se habría presentado en la ONU en 1947, con vistas a la creación del estado de Israel.

(Napoleón III, el sobrino del “corso vil” que tanto seguía al tío, se interesó en principio en un proyecto de índole “sionista” que le había propuesto Henri Dunant, el originador de la Cruz Roja.)
Theodor Herzl, en carta al Kaiser Wilhelm II del 1 de marzo de 1899 escribió: “La idea que yo defiendo (la de un estado judío), ya fue intentada en este siglo por un gran monarca europeo, Napoleón I. La instauración del Gran Sanedrín en París no fue sino el muy débil reflejo de esa idea.

Es sobre este mismo signo que conviene situar la cuestión judía. Desde entonces, lo que no fue posible bajo Napoleón I, ¡que lo sea bajo Wilhelm II!”

Exactamente cien años después de la proclama napoleónica, Herzl le dirigía esa carta al Kaiser. Y unos 50 años más tarde, David Ben Gurion declaraba la independencia de Israel.
La oportunidad, según Bonaparte, que en mil años no volvería a presentarse, se vio reducida a 150 tras su idea fundadora.
La proclama de 1799 fue reproducida en el Moniteur y en otros periódicos de Europa. Los judíos del Continente reconocieron en el corso al mesías, “aunque comiera tocino”.

Fue sin embargo otro acontecimiento el que condujo a una identificación mesiánica con la figura de Bonaparte más acentuada, debido a las implicaciones prácticas que produjo en la vida cotidiana de los judíos, no sólo en Francia sino en los países que pasaron a formar parte del Imperio, en los que Napoleón solía aplicar una organización similar a la de Francia.

Tras haberse impresionado negativamente con las coerciones que aún sufrían los judíos, en Estrasburgo de regreso de Austerlitz, emitió un decreto, el 30 de mayo de 1806, que suspendía por un año el pago de deudas contraídas con los judíos por los agricultores de 8 departamentos del este de Francia. Ese mismo día, otro decreto llamaba a una Asamblea de Notables, “para mejorar la suerte de la nación judía”.
La dicha asamblea abrió en julio de 1806, y se extendió hasta el 6 de abril de 1807. Los judíos más distinguidos y rabinos, provenientes de toda Francia, debían deliberar sobre 12 preguntas que les sometió el Emperador, cuyo objetivo era que se comprometieran a respetar la ley francesa. Las respuestas tenían que demostrar que la Torah podía estar en conformidad con la legislación en regla.

La primera pregunta era bastante sorprendente, pues se refería a si los judíos renunciarían a casarse con varias mujeres. Napoleón, quien con certeza no conocía a judíos en su entorno, ¡pensaba en la Biblia y adujo que los hebreos continuaban practicando la poligamia! La segunda, era sobre si aceptaban el divorcio sin que fuese pronunciado por un tribunal rabínico. La tercera, si estaban en contra de los matrimonios mixtos. Entre las restantes, se encontraban: ¿se consideraban franceses?; ¿estaban dispuestos a defender a su patria, Francia?; ¿quién nombraba a los rabinos?; ¿era cierto que una ley judía prohibía a los israelitas practicar la usura con sus correligionarios?

Los delegados desconocían previamente las preguntas y ni siquiera sabían para qué el Emperador los había convocado. Comprendieron con presteza, sin embargo, que en dependencia de sus respuestas serían excluidos o mantenidos en la comunidad francesa. Unánimemente, se pronunciaron por “defender a Francia hasta la muerte”. Pero la Asamblea se dividió respecto a los matrimonios mixtos; fueron los rabinos quienes se opusieron: ¿cómo un rabino iba a bendecir la unión de una cristiana con un judío, cómo un cura iba a casar a un cristiano con una judía? No obstante, aceptaron que esos matrimonios tenían todo valor civil, así como que un judío que se casase con una cristiana no dejaba de serlo para sus correligionarios.

La repercusión de esta asamblea fue tal que Metternich, embajador austríaco en París, escribió alarmado a su ministro de exteriores: “Todos los judíos consideran a Napoleón su mesías”.

En efecto, todos estaban contentos: los hebreos, los colaboradores del Emperador y su ministro del Interior (que en ese momento no era Fouché). Pero Napoleón, no. Quería algo más contundente. Entonces se acordó que, siglos atrás, se reunía un areópago de grandes prestes en Jerusalén que representaban a los judíos ante los romanos, llamado Sanedrín. Supongo que cuando le expresó a sus funcionarios la intención de revivir el Sanedrín, le dijeron: “¿Un qué, Sire?”
El Sanedrín había gobernado a Israel desde 170 antes de J.C hasta 70 después de J.C. Como con Napoleón todo se magnificaba, le añadió el adjetivo “gran”

El 23 de agosto de 1806, en los preparativos del cónclave, le había escrito a su ministro del Interior: “Jamás, desde la toma de Jerusalén por Tito, tantos hombres ilustrados pertenecientes a la religión de Moisés, pudieron reunirse en el mismo lugar”.

En realidad, el Sanedrín, en la antigüedad, tuvo lugar en muy contadas excepciones en el Templo. A Napoleón esto le importaba muy poco, menos aun que hacía 18 siglos que no funcionaba. Él decía que “la imaginación gobierna el mundo”: al mismo tiempo satisfacía la suya y hacía que la de los judíos, halagados, volase a lo más alto, “como en los tiempos de Jerusalén”. Su verdadera intención era, en el fondo, más pragmática: las respuestas de los delegados en la previa Asamblea, tendrían que ser santificadas por el Gran Sanedrín y puestas al lado del Talmud como artículos de fe.
Hizo que se copiara el ceremonial que se usaba en Israel más de 1700 años atrás, y los escogidos, en número de 71, se dispusieron en mesa en semicírculo, como en la época del Segundo Templo.

Entre los 71, 45 eran rabinos y el resto, laicos. La solemne carta de invitación había sido escrita en hebreo y en francés; se consignaba que sería un evento que “permanecería en la memoria por los siglos de los siglos”. Se designó presidente del Sanedrín al rabino David Sintzheim, quien había sido uno de los seis delegados judíos a la Asamblea Constituyente que decretó la emancipación en 1791. (Posteriormente, en 1808, Sintzheim fue nombrado gran rabino de Francia, el primero entre ellos.)

El Sanedrín se inauguró en la sala San Juan del Hotel de Ville de París, el 9 de febrero de 1807. Se extendió durante un mes; podía haber durado más, pero un jesuita intrigó para que no continuase.

Esa “imaginación” que acicateaba a Napoleón hizo que “disfrazase” a sus rabinos con un vestuario especial: una larga funda negra, con suntuosos bordados. A Sinztheim le encasquetó en la cabeza una suerte de sombrero alto con dos cuernos, sobre una base de lujosa piel. Todavía hoy no se sabe si estos diseños tuvieron un origen real, ni siquiera lo conoce el descendiente del gran Sintzheim. Quien hizo malabares para mantener al judaísmo dentro de “la ley” al mismo tiempo que contentase a Napoleón. Éste, de cierto modo, buscaba la obediencia a él. Sintzheim lo entendió enseguida; ¿no había ensalzado al Emperador el día de su aniversario, el 15 de agosto de 1806?

El rabino inauguró el Sanedrín con un: “¡Oh Israel, séanle dadas gracias al libertador de su pueblo!”.

Luego se le consagró a Napoleón una plegaria, así como un Cántico a Napoleón el Grande.

Con su propensión a lo épico y a lo titánico, ¿Napoleón se creyó un nuevo Moisés? En cualquier caso, una medalla y un grabado de 1807 lo representan dándole las Tablas de la ley ¡al propio Moisés!

Lo cierto es que el Sanedrín estableció al judaísmo como la tercera religión de Francia, junto con el catolicismo y el protestantismo. Organizó toda la vida, civil y religiosa, de los hebreos en el estado francés. Y los hizo entrar en la modernidad. Lo que no pasó inadvertido para un rabino: “Si Bonaparte triunfa, aumentará la grandeza de Israel, pero ellos se marcharán y el corazón de Israel se alejará del Padre celestial”.

Los judíos ortodoxos rusos, los hasidim, se opusieron fuertemente a lo que en definitiva era asimilación.
La oposición más encarnizada al Sanedrín y sus resultados provino, no obstante, de los estados cristianos de Europa. El zar Alejandro de Rusia se levantó contra la libertad acordada a los judíos, e hizo que la Iglesia Ortodoxa designase al corso como el “Anticristo y enemigo de Dios”. También reaccionaron contra el Sanedrín, Austria, Prusia e Inglaterra. Y hasta el propio tío de Napoleón, el cardenal Fesch, quien sin embargo le debía no poco de su nombramiento eclesiástico a su sobrino: ¿cómo éste se había atrevido a resucitar a una antigua asamblea de la que nadie se acordaba, integrada por los descendientes de quienes habían “matado” a Jesús?
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2. El Pueblo hebreo y Napoleón
https://www.youtube.com/watch?v=hUYpcVtrq
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3. UNA CARTA DE NAPOLEÓN A LOS JUDIOS

     Por: Ing. Nureddín Awwad

      La Habana-Cuba, 23.06.2004

La idea de crear un Estado Judío en Palestina Árabe, data de los primeros planes de Napoleón Bonaparte, en un intento por acercarse a los capitalistas judíos -que jugaron un papel importante en Europa durante el siglo XIX- sobre todo la familia Rochielld que se desenvolvía por entonces en Francia, Inglaterra y Austria, y hacía de la guerra una fuente inagotable de ganancias y aprovechándose de su poderío financiero, negociaba con créditos, armamentos, servicios de espionaje y todo tipo de contrabando. Napoleón precisaba también sentar las bases para una mayor influencia francesa en la zona árabe con el fin de dominar el territorio y obstaculizar o interrumpir la ruta de Inglaterra hacia la India. Sin embargo, Napoleón fracasó en el Oriente y no logró atraer a los capitalistas judíos, que por una parte temían la posibilidad de renovación de la Segunda Revolución Francesa (1792) y por otra, debido a sus intereses, estaban más cerca de la reacción europea y en particular la inglesa. La historia recoge una carta, poco conocida, dirigida en 1798 por el Imperador Napoleón a los judíos en general. La misma habla por sí sola. He aquí su texto íntegro, traducido del idioma árabe al castellano:

“De Napoleón Bonaparte, comandante supremo de las fuerzas armadas de la República Francesa en África y Asia, a los legítimos herederos de Palestina.

Israelitas, pueblo sui generis, que las fuerzas de la conquista y el despotismo no han podido usurparles su linaje y existencia nacional, aunque les usurparon solamente la tierra de los ancestros.

Los conscientes y neutrales observadores de los destinos de los pueblos- aunque no tienen la capacidad de los profetas tales como ISAÍAS y JOEL- se han percatado de las profecías que esos últimos hicieron con su sublime fe, en el sentido de que los siervos de Dios (la palabra Israel quiere decir en hebreo cautivo o siervo de Dios) volverían cantando a Sión, y serían colmados de felicidad cuando construyan su reino sin miedo.

Ustedes que están desamparados en la diáspora, levántense con fuerza. Tienen ante ustedes una horrible guerra que su pueblo está librando después de que sus enemigos creyeran que su tierra heredada de los ancestros, fuera un botín a repartir entre ellos a su libre antojo... Es indispensable olvidar aquella deshonra que los hizo caer bajo el yugo de la esclavitud, y aquella desvergüenza que paralizó su voluntad por dos mil años.

Las circunstancias no les permitían proclamar o expresar sus demandas, incluso esas mismas circunstancias les obligaron coercitivamente a renunciar a su derecho. Por eso, Francia les tiende su mano ahora llevándoles la herencia de Israel, lo hace precisamente en este momento, pese a los síntomas de frustración e incapacidad.

El ejército con que  la providencia me envió, marcha con la victoria delante y con la justicia detrás, ha escogido a Jerusalén como sede de su mando, y dentro de unos días se trasladará a la vecina Damasco, que viene depreciando y humillando la ciudad de David desde hace mucho tiempo.

La nación francesa no comercia como otras naciones con los hombres y las patrias, y les convoca a (recuperar) su herencia, contando con su garantía y apoyo contra todos los intrusos.

¡Levántense! y demuestren que la fuerza implacable de los tiranos no ha sofocado la valentía de los nietos de aquellos héroes, cuya alianza fraternal fue un honor para Esparta y Roma, y que el trato de esclavos por dos mil años no ha podido matar esa valentía.

¡Apresúrense! Este es el momento oportuno- que quizás no se repita en miles de años- para exigir la recuperación de sus derechos y prestigio entre los pueblos del mundo, que se les fueron arrebatados por miles de años, que son su existencia política como una nación entre las naciones, y su absoluto derecho natural a adorar su Dios Jehová, según sus fe,

¡Háganlo públicamente de una vez y para siempre!

BONAPARTE.

(Ref.: http://www.profesionalespcm.org/Palestina/Bonaparte.html)
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4. Napoleón, los judíos y la historia de una traición

    por Naum Kliksberg

En 1806 Napoleón (1769 - 1821) proclama públicamente: "Mi deseo es hacer de los judíos de Francia ciudadanos útiles, conciliar sus creencias con su deber de franceses, y alejar los reproches que pudieron hacérseles. Quiero que todos los hombres que viven en Francia sean iguales y gocen del conjunto de nuestras leyes".

Prohibió que se discrimine a los judíos y les otorgó plenas libertades para estudiar y trabajar, les dio todos los derechos ciudadanos para que no tengan que vivir más en guetos en los países que liberaba Napoleón, lo cual concretaba los sueños que hacia cientos de años tenían los judíos.

Napoleón tomó otra medida extraordinaria para los judíos, convocó a los más importantes Rabinos del mundo a un Gran Sanedrín, como los que se realizaban en el Templo de Jerusalén, institución que había desaparecido 15 siglos antes.

Con el auspicio y la protección de Napoleón el Sanedrín se reunió en Francia el 9 de febrero de 1807, luego de deliberar declaró el apoyo de todos los judíos del mundo a Napoleón, pidió a los judíos que en las sinagogas se hagan rezos por Napoleón llamándolo el "liberador de los judíos".

Por haber convocado Napoleón al Sanedrín, en Rusia la iglesia ortodoxa da esta declaración: "se declara a Napoleón el anticristo, el enemigo de Dios, por haber fundado un nuevo Sanedrín hebreo que es el mismo tribunal que osó antaño condenar a la cruz al Señor Jesús".

En Francia la oposición antisemita atacó ferozmente a Napoleón.

El Cardinal Fesch, reprochó a Napoleón con esta frase: "Napoleón no debe ignorar que las escrituras anuncian el juicio final para el día en que los judíos sean reconocidos como cuerpo de la nación".

Por convocar Napoleón al gran Sanedrín empeoró su relación con el papado.

Los judíos compusieron una plegaria, en 1807, que se realizó en todas las sinagogas, en ella se agradece a Dios por enviarles a Napoleón, unas de sus frases dice así:

…"bienaventurados somos, cuán agradable es nuestra suerte, desde que colocaste a Napoleón el Grande en los tronos de Francia y de Italia. Ningún otro hombre es tan digno de reinar, ni merece tantos honores y gratitud…te imploramos mantenerte cerca de él. Ayúdale, sostenle, protégele y sálvale de todo mal".

Napoleón manifestó el deseo de crear en Jerusalén un Estado judío para acoger allí a los judíos de todo el mundo, lo cual hubiese evitado su asimilación y el sufrir las discriminaciones y las persecuciones que los judíos volvieron a padecer después de la caída de Napoleón.

Los judíos tienen importantes motivos para agradecer a Napoleón por liberarlos de las discriminaciones y de la vida de opresión y sin derechos ciudadanos que tenían, y por eso también tienen importantes motivos para indignarse ante el hecho de que en la actualidad los Rabinos ortodoxos del movimiento Jabad Lubavitch sigan venerando al Rabino Schneur Zalman de Liadí (1745 - 1812), importante Rabino de Rusia y creador del movimiento Jabad Lubavitch y el primer gran Rabino de esa organización ortodoxa religiosa judía, quien en ese crucial momento histórico traicionó a los judíos al apoyar al zar de Rusia contra Napoleón.

Los zares de Rusia eran profundamente antisemitas, como ejemplo de ello recordemos que en Rusia se estableció el sistema de los Cantonistas, consistía en sacar de sus hogares a todos los judíos a partir de los 12 años de edad para ponerlos a cumplir servicios paramilitares, donde eran torturados y educados con métodos violentos para que renuncien a su judaísmo, a los l8 años se los enrolaba en el servicio militar por otros 25 años, de esa forma pasaban 31 años de servicios continuos al zar. Los rabinos y los judíos ricos, y sus hijos, estaban exentos de cumplir con estos servicios.

En el año 1798 las autoridades "detuvieron" al Rabino Schneur Zalman, después de solo 52 días fue dejado en libertad. En esos días ocurrieron cosas extrañas, como ser: el zar quiso "personalmente" hablar con el Rabino, para ello el zar fue a visitarlo disfrazado de un simple empleado, como para mantener en secreto esa reunión (por eso no fue el Rabino a la habitación del zar como era de esperar), también es extraño que no se le aplicará al Rabino ningún tipo de tortura física como solían hacer salvajemente en los interrogatorios. También es extraño que estuviese retenido solo 52 días.

Los Rabinos de Jabad tratan de explicar este suceso de una forma simplista que deja muchos puntos oscuros. Dicen que por diferencias teológicas internas en el judaísmo el Rabino fue denunciado a las autoridades por judíos, diciendo que el Rabino Zalman traicionaría al zar. Parece que pocos días de conversación con el Rabino les alcanzó a las autoridades para obtener la seguridad de que no debían temer nada del Rabino Zalman y que podían contar con él. Los seguidores de Jabad afirman que lo dejaron libre tan rápidamente porque a los antisemitas que hablaron con él los "deslumbró con su gran sabiduría" originada en sus conocimientos de la filosofía judía. Una explicación difícil de creer. Todo parece indicar que lo más probable es que se realizó un convenio político entre el zar y el Rabino en su rol de importante líder judío.

Para el zar de Rusia, y para todas las monarquías que se enfrentaban con Napoleón, era muy importante que los judíos del mundo se opongan a Napoleón, para debilitarlo, para lograr ese objetivo era necesario lograr el apoyo de un líder judío como el Rabino Zalman de Rusia. En esas circunstancias es difícil creer que hablaron de filosofía judía, como afirman los Rabinos de Jabad.

Dos años después nuevamente se repitió otra extraña y breve "detención" del Rabino.

El Rabino Zalman instó a sus seguidores para que de todas las maneras posibles ayuden a quienes luchen contra Napoleón. La colaboración del Rabino llegó a niveles de inteligencia militar, ya que contaba con el Rabino Moshe Miezlish de Vilna, quien por su dominio de varios idiomas trabajaba de intérprete en el más alto comando militar francés. Moshe recibía órdenes del Rabino Zalman, quien le dijo que haga de espía para los rusos, dándoles la información militar que obtenía, la cual era muy importante y altamente confidencial.

Cuando el ejército de Napoleón se acercó a la ciudad natal del Rabí Shneur Zalman de Liadi, el Rabino mando quemar su casa y se fue con sesenta vagones llevando a su familia, pertenencias y algunos seguidores, el Zar le puso una cantidad de soldados armados para proteger al Rabino y a su caravana. Cuando Napoleón fue a detener al Rabino, solo encontró su casa quemada. Emitió un anuncio, en el cual ofrecía una generosa recompensa a quien informe sobre su paradero.

La contribución del Rabino Zalman a la victoria de Rusia fue reconocida por el zar, quien le otorgó el título de "Ciudadano Honorable", lo cual implicaba beneficios para sus descendientes por varias generaciones, eso facilitó que de ellos surjan cinco generaciones de dirigentes de Jabad, que de esta forma pudieron realizar su trabajo con menos riesgos personales.

En esa época, por traicionar a los judíos al oponerse a Napoleón, los textos del Rabino Schneur Zalman de Liadí fueron repudiados, prohibidos y quemados en acto público, por los Rabinos de Jerusalén. (La mayor obra del Rabino Zalman fue el texto Tania, publicado en 1796, en el creó la ideología en que se basa el movimiento judío ortodoxo Jabad. Tania es considerado la "Biblia" para los actuales adeptos a Jabad. Entre otros temas, en el libro desarrolla el peligroso concepto del alma "distinta" a todos los otros seres humanos que tendrían los judíos desde su nacimiento, según el autor del libro.

Los seguidores de Jabad Lubavitch atribuyen la quema de los libros del Rabino Zalman a discrepancias teológicas en el judaísmo. La forma de analizar los hechos históricos de los Rabinos de Jabad Lubavich siempre es superficial, porque al ver todo desde una mirada religiosa y mística no relacionan adecuadamente la influencia de los factores políticos, económicos, y psicológicos, en la producción de los conceptos y de las ideologías religiosas, y en las conductas de los individuos y grupos. Pero esto no es una deficiencia solamente de los análisis de los Rabinos de Jabad, también es de todos los otros grupos de Rabinos ortodoxos y de todos los grupos de religiosos fundamentalistas de todas las religiones.

Los judíos nunca tuvieron como práctica el realizar una quema pública de libros cuando hay discrepancias entre Rabinos (lo cual siempre fue muy frecuente). Indudablemente lo que sucedía con Napoleón en el mundo y sus repercusiones entre los judíos, que veían en él la posibilidad de concretar sus sueños de libertad para estudiar, trabajar, y practicar su religión, daba a esta quema pública de los libros del Rabino de Rusia Zalman un claro mensaje político a los judíos y a los no judíos, de que los Rabinos de Jerusalén rechazaban claramente al Rabino Zalman. Ese mensaje político fue importante para que Napoleón diferencie la posición de Zalman contra él de la mayoría de los judíos que lo apoyaban, le facilitó el continuar con su meta de liberar a los judíos, fortaleció su grupo de apoyo a ese objetivo entre las autoridades de Francia, y lo posicionó mejor para enfrentar a los antisemitas que se oponían agresivamente a su política de liberar a los judíos. Todo eso sería imposible si los franceses creían que la mayoría de los judíos se oponían a Napoleón.

En respuesta al repudio de los Rabinos de Jerusalén al quemar sus libros, el Rabino Zalman prohibió a los judíos de Rusia que continúen enviando donaciones de dinero a los Rabinos de Jerusalén.

La mayoría de los judíos, incluso los seguidores de los Rabinos ortodoxos de Jabad Lubavitch, ignoran muchos de estos hechos, el informarse sobre ellos (para lo cual es conveniente que lean los escritos de los historiadores, no solo la versión de los Rabinos de Jabad) les será de utilidad para evaluar mejor la ideología política de los Rabinos ortodoxos de la organización Jabad Lubavitch, que actualmente continúa venerando al Rabino que traicionó a los judíos, oponiéndose a sus posibilidades de libertad y desarrollo, y a los avances de los ideales democráticos y humanistas de la revolución francesa.

La pregunta más importante que surge de la relación entre Napoleón y los judíos es: ¿Por qué se opuso a Napoleón este importante Rabino de Rusia?

Posiblemente tuvo presiones para que adopte esa posición, y se lo amenazó a él y a su familia. Pero el argumento que públicamente dio el mismo Rabino para justificar su acción, y que incomprensiblemente siguen defendiendo y legitimando los seguidores actuales de Jabad Lubavich, es que esa oposición a Napoleón era porque esa total igualdad y libertad que daba a los judíos permitiría a los que quisiesen ser judíos serlo sin sufrir ninguna discriminación por la práctica de su religión judía, pero también posibilitaba, por primera vez, a que el judío que quisiese no ser judío pudiese elegir ese camino de dejar de ser judío sin por ello pasar a ser ciudadano de segunda. Napoleón les otorgaba ese derecho, pero el Rabino no quería darles ese derecho.

Esa libertad de elección atemorizó al Gran Rabino, fundador de Jabad Lubavitch, por eso dijo que reconocía que con Napoleón los judíos tendrían igualdad y libertad, y con ello mejoraría su situación económica superando la gran pobreza en la cual vivía la mayoría de los judíos, pero prefirió la opresión, la discriminación, el rechazo, la pobreza y el gueto para los judíos, porque eso obligaba al judío a no tener otra opción que seguir siendo judío. Esa es una concepción éticamente inadmisible en la actualidad, por eso es criticable que los integrantes de Jabad de este siglo defiendan la posición que tuvo el Rabino Zalman. Para los actuales conceptos sobre ética, derechos humanos, y democracia, la libertad de elección del individuo es el mayor valor que hay que defender.
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Ref.: http://www.anajnu.cl/napoleon.htm

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