miércoles, 15 de abril de 2020

El fundador del BDS (Barguti): "Israel debería salvarnos ...y luego morir"


15.04.2020

Los defensores de Israel siempre bromean con que los partidarios del movimiento BDS no deberían ser selectivos en sus desvelos por convencer al mundo para que boicotee al Estado judío. En particular, últimamente andan diciendo que están esperando a ver qué harán quienes pretenden aislar y destruir a Israel si sus científicos consiguen la vacuna contra el coronavirus. La respuesta no debería reconfortar a nadie, especialmente a quienes siguen pensando que los avances científicos y el resto de aportaciones del Estado judío al mundo acabarán de alguna manera convenciendo a sus enemigos de que renuncien a su centenaria guerra contra el sionismo.

Este asunto ha vuelto a estar en el candelero porque, de hecho, el fundador del BDS ha respondido a quienes invitan a los enemigos de Israel a extender su boicot a los frutos de la innovación y la investigación médica avanzada  cosechados por el Estado judío.

En un vídeo publicado en Facebook por un grupo antiisraelí, el cofundador del BDS Omar Barguti dice que si Israel encontrara una cura contra el cáncer o el coronavirus, “no habría problema en cooperar con él”.

Barguti, que va de humanitario, sostiene que si Israel presta servicios de ese tipo a la humanidad, “entonces la salvación de vidas es más importante que cualquier otra cosa”.

La arrogancia y la hipocresía contenidas en esa declaración son difíciles de concebir. Quienes pretenden estigmatizar a todos los israelíes como seres a los que las sociedades decentes deberían rehuir y abogan por boicotear no sólo todos los productos sino la cultura y el mundo universitario israelíes, por lo menos son coherentes. Menudo cuajo tienen los que piensan que el mundo debería tratar a los israelíes –y a sus ideas y tecnologías– como apestados y al tiempo afirman que no tendrían problemas en recurrir a ellos para hacer frente una enfermedad letal.

Básicamente, lo que Barghuti está diciendo es que Israel debería seguir adelante con su increíble creatividad, transformando la medicina y la tecnología para bien de la Humanidad, pero él no ceja en su idea de acabar con el único Estado judío del planeta.

Los izquierdistas y los apologetas del BDS a menudo ven en los esfuerzos de Barguti por crear un movimiento de boicot una muestra de progreso en la política cultura palestina. Dicen que los boicots pensados para destruir Israel por medios económicos y la presión social concebida para aislar al Estado judío y silenciar a sus seguidores son dignos de elogio en comparación con el apoyo palestino al terrorismo. Piensan que para los palestinos es mucho mejor trabajar por la desaparición de Israel a través de esos medios supuestamente no violentos en vez de recurrir a los atentados suicidas, los túneles terroristas y los apuñalamientos.

Si tomamos en serio estos argumentos, y no los desechamos como risibles sofisterías, está claro que los intelectuales occidentales que tal sostienen no sienten otra cosa que desprecio por los árabes palestinos. La especie de que las únicas opciones de que disponen con el asesinato en masa o un movimiento que emplea la presión política y económica para perseguir el mismo objetivo ilegítimo por el que los terroristas palestinos derraman sangre es una falacia bochornosa.

Ningún movimiento basado en la especie antisemita de que el judío es el único pueblo de la Tierra que no tiene derecho a disponer de su propia patria, ni a la autodefensa, puede decir que apoya la no violencia, y para qué hablar de envolverse en la bandera de los derechos humanos.

El movimiento BDS está impregnado de retórica e imaginario antisemitas, y se comporta en los campus norteamericanos y en las calles de Europa como un grupo promotor del odio. Donde quiera que alza sus banderas, inevitablemente se producen actos de intimidación y violencia contra los judíos. La noción de que su fundador o cualquiera que defienda sus ideas están verdaderamente interesados en los principios humanitarios o en salvar vidas es una tremenda broma.

Pero hay aquí una lección importante para los judíos y los defensores de Israel que trasciende cualquier indignación ante la formidable hipocresía de Barguti.

Hay una línea de pensamiento aferrada a la idea de que si el mundo supiera más acerca de la brillantez de los logros israelíes en cada campo del emprendimiento humano, incluidas la ciencia y la medicina, la literatura y las artes, entonces comprendería lo desafortunados que son los esfuerzos por destruirlo. Los amigos de Israel también prefieren en gran medida leer informaciones positivas del Estado judío antes que tener que incurrir en discusiones sobre el derecho de los judíos a disponer de su patria ancestral, y sobre por qué sus operaciones defensivas contra el terror son necesarias y están de sobra justificadas.

Pero la triste verdad es que si mañana se anunciara que unos científicos israelíes están produciendo una vacuna o un tratamiento contra el coronavirus, apenas cambiaría la mentalidad del movimiento BDS. Ni habría una mayor simpatía hacia Israel en las organizaciones internacionales que cotidianamente se vuelcan en la estigmatización y difamación del Estado judío.

Para sus odiadores, la gran cuestión seguirá siendo que los judíos no tienen derecho a un Estado, con independencia de dónde se tracen sus fronteras. No les importa lo brillante que ha demostrado ser la ciencia israelí, ni cuántas vidas se pueden salvar con las innovaciones tecnológicas de la Start-Up Nation. Mientras sigan asumiendo la mentira mayúscula de que la única democracia de Oriente Medio es un “Estado apartheid”, dará igual qué enfermedad global curen los israelíes.

Apenas sorprende que Barguti piense que “no hay problema” en cooperar con Israel para salvar vidas palestinas. Pese a la energía que dedican a tratar de que el mundo se crea sus mentiras sobre el quehacer israelí, en realidad no están interesados en lo que haga Israel; a ellos lo que les preocupa es que exista Israel, y están centrados en su erradicación.

Los defensores de Israel hacen bien en resaltar los magníficos logros israelíes. Pero aún han de dejar de creer que sus buenas acciones finalmente convencerán a los antisemitas de que cesen en su odio o en su vil empeño en destruir la patria judía.

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© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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miércoles, 8 de abril de 2020

PASCUA MARRANA

(Traducido de un diario encontrado en Beirut en el año 1743)

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Hoy es el día 16 de la luna nueva de marzo. El pastor o lucero del alba está alto todavía, los ruidos de la noche aún son susurros, que explotarán al amanecer. 

Yo, don José Manuel de la Santa Trinidad Rojas y Mejías, contemplo la noche que está pariendo al día de la pascua hebrea (15 de Nisán).

Mi nombre no lo llevo por una casualidad, ya que arrastro los que fueron impuestos a los cristianos nuevos. El de  Rojas, es una inversión de las letras de Sajor (negro) y el de Mejías que es una derivación de Mesías. Esto es algo privado y que lo llevo muy oculto pues si lo descubriera la Inquisición, la desgracia caería sobre mi y sobre toda mi amada familia.

Pertenezco a los llamados “marranos” por la santa iglesia y debo hacer todo lo posible por demostrar mi devoción cristiana. 

De hecho, mi hermano Fray Pedro apóstol Rojas y Mejías es sacristán. Es el que más se ha sacrificado, ya que no sólo debe vivir una vida de hipocresía y negación de su fe, sino que también se ha condenado a ser un tronco sin gajos (hijos) ni simiente para “honor” de su iglesia.

Hoy deberé concurrir a misa con los míos y veré a mi hermano cuando coloque la hostia en nuestras bocas, sabiendo que lo hacemos empujados por el miedo y las circunstancias, ya que en ello nos va la vida.

Luego Pedro vendrá a lomo de burro hasta la finca, y juntos en la ribera del río, golpearemos las aguas con varas de sauce, recordando a nuestro patriarca Moisés en el desierto. 

No sé bien porque hago esto perque hay algo muy profundo en mi que me lleva a hacerlo. Quizá fuera el respeto a mis mayores, pero no. Es algo que surge dentro de mi, màs que por ellos, por amor mas que por compromiso.

Tengo una finca donde hago salado y curtido de cueros. Como es mucho el personal que requiero, voy a los mercados en dónde se venden esclavos. Allí, mi servidor, el mulato Lucas, de quien nadie podría sospechar su origen marrano (de hecho no lo tiene), se acerca a revisar a los pobres desdichados y cuando simula inspeccionar boca y oídos les dice en vos baja el “shemá Israel”, (oye Israel) a lo que muchos responden atónitos y embargados por la emoción. Estos son esclavos que compro para mi hacienda y en especial aquellos traídos de Portugal y Brasil. Los que son marranos responden positivamente a la contraseña. (También “compro” grupos que venden  los piratas sin pasar por mercado alguno. Son los sospechosos de esos judaizantes que  eran llevados en España al Santo tribunal  (los que los corsarios capturan en altamar). Para poder afrontar estas “compras” me ayudan miembros de la familia proceden de los sacerdotes (los Cohen y Levi, este último apellido trasformado en Viel). Todos ellos están en igual condición que yo.

Hoy, noche de pascua (15 de Aviv en nuestro calendario), todos esos “esclavos” que trabajan conmigo, saben que serán liberados de todo compromiso pues, después de relatar sobre nuestra esclavitud en Egipto, diremos: "¡ahora somos libres!" (aunque sabemos que no lo somos aún). 

Durante la semana quemamos mucha harina en los hornos para que nadie sospeche que no comeremos pan.

Mi esposa “deslizó” entre tantas horneadas unas pocas tablas de “pan flaco” que retiró sin ser vista y guardó celosamente en el sótano de la casa a fin de tener matzáh (pan ázimo) para la celebración de esta noche.

Yo me ocupo personalmente de la “carneada” de corderos para lo cual elijo animales sin defecto alguno, tomo cuchillos sin mella y después de despostar, pongo la carne en agua y en sal, sin olvidar salpicar con los cuchillos sangrantes las jambas de las puertas como hacían mis antepasados.

Quisiera acompañar esto con las bendiciones apropiadas, pero nunca las supe. Espero mis ruegos igual sean oídos.

Ya se acerca la hora de la cena. Pedro busca en el doble fondo de la capilla un libro muy antiguo que yo no se leer, pero mi hermano si, y a su vez enseño a mi hijo a hacerlo. 

Mando a Lucas al aljibe y, con el pretexto de echar cal, baja con la hamaca hasta la segunda calzadura donde hay oculta una copa labrada, un chal de oración y pequeños solideos con la estrella de David. También traerá un pedazo de pergamino que hallé en un viejo arcón familiar y, como creo que está escrito en hebreo, lo oculté hasta tanto me lo tradujeran.

 Bajo al sótano. El olor fuerte de los cueros y el “charqui” me impregna la nariz, y la tabla de salar está cubierta por un mantel de lino blanco, la copa refulgente llena de vino y el pan de la pobreza frente a la silla de cabecera. Todos tenemos miedos y angustias. 

Mi hermano Pedro está transformado, le brillan los ojos porque está llorando y mi hijo mayor, con un solideo rojo, me mira con amor y temor. .

¡Ay hijo! ¡Si pudiera protegerte del riesgo al que te expongo!. Pero sé que no puedo, con lo cual me asalta la culpa. Esta se desvanece al oír palabras que no entiendo, pero con una melodía que despierta en mi recuerdos de experiencias que no viví.

Mi hijo se levanta y canta unas pocas frases en lengua extraña para mi y mis invitados. Sin embargo al oírlas todos rompemos a llorar. Mi hermano, hoy sin su crucifijo parece librado de un yugo opresor, se levanta, me cubre con el viejo chal a franjas que ignoro a quien perteneció peroque, al envolverme en él, siento una calidez extraña en todo mi ser.

D’s Todopoderoso, ¿por qué no podemos sentir esto siempre? ¿Por qué debemos mentir diariamente sobre nuestra fe? ¿Cuántos de nosotros seguiremos tus caminos y cuaántos se alejarán para siempre de tu senda? ¡Ojalá pudiera ver un futuro poblado de hermanos que se manifiestan libremente como hebreos. hijos de tu pueblo elegido!.

Nos invade el silencio, todos lloramos en esta fiesta, que debería ser de alegría por la libertad lograda al salir de Egipto. 

Pido a mi hermano, el sacristán, que me traduzca el viejo pergamino. Lo despliega y con dificultad lee las letras que el tiempo borra. Pero su contenido resalta, y lee en altavoz..

"Avadim ahinu be atá bnei jorim, baruj atah adonay eloheinu, sheejeianu be kimanu be higuianu la zman hazéh". (Esclavos fuimos y ahora somos libres, bendito seas que nos permitiste vivir para llegar y acercarnos a este momento).

¡Quiera D’s que en un futuro no lejano, mis hijos y los hijos de ellos puedan vivir una pascua en libertad, tan sentida como esta “nuestra pascua marrana”!
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